Cómo ser sabio

-Padre -preguntó un día el hijo más joven de Nasrudín-, ¿cómo puedo llegar a ser tan sabio como tú?
-Si un hombre erudito habla, escúchale -contestó el mulá-, y si hablas tú, escúchate.

(Idries Shah, El mundo de Nasrudín: Cuentos sufíes, Ed. Integral, 2004)

Creo, como el padre de Nasrudín, que no se puede comenzar a ser sabio si no es a través de la propia escucha…
Hemos aprendido a repetir como loros lo que oímos o leemos sin discriminar, sin conciencia de quién es el que habla, de cuáles son sus intereses, en qué contexto… Y cuando digo el que habla me refiero al lenguaje oral y al escrito: da igual que el que hable lo haga a través de la televisión, de la prensa, de un foro, de una conferencia, de un concierto, un artículo científico, filosófico, etc.
Y mientras repetimos, de prestado, lo que atraviesa nuestros sentidos, nos olvidamos de nosotros, nos vaciamos… Casi diría que nos aparcamos, como si uno pudiese vivir sin uno mismo…
Acumulamos datos, opiniones, discusiones, citas…. como si se trataran de un coraza donde dentro no hay nada.
Volver a llenarse de uno, pasa por parar, por escucharse, aunque lo que se escuche no guste… No es que uno no sepa lo que dice; más bien lo contrario, gran parte suena conocido…. Casi siempre uno se descubre en la alegría de reencontrarse, uno sabe reconocer sus verdades, y sus mentiras…
Lo que propongo no es más que un acto de honestidad con uno mismo, un reconocerse, atreverse a ser…
Esa es la clave de la sabiduría.

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