Adios Suzy…

Suzy Stroke ha fallecido en Belo Horizonte, Brasil (su patria de adopción) ayer viernes 9 de diciembre rodeada de sus hijos, familiares y amigos.

Suzy, sólo tengo palabras de agradecimiento…
Gracias por tus enseñanzas,y tu presencia amorosa y tierna.

Decías en tu despedida (en tu newsletter) que probablemente no habrá continuidad… Yo sí creo que la habrá… Me siento heredera de un legado que útilizaré y enseñaré…

Doy gracias a la vida por habernos dado la oportunidad de encontrarnos en mayo, entonces no sabía que iba a ser la última vez… Fue una sorpresa…, un regalo…

 

Conchi Táboas
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Mi Vida sin mí…

Suzy Stroke se despide…

APRENDER A SER PADRES


Cuando decidimos tener hijos, nos sentimos muy ilusionados, imaginando la maravilla y el milagro que es traer al mundo un nuevo ser. Esto ocurre desde que el mundo es mundo.

También es cierto que luego, nos sentimos abrumados por la responsabilidad, por la torpeza, por sentirnos incapaces de comprender qué pasa con este ser tan pequeñito cuando lo único que sabe hacer es llorar, si algo le incomoda. Deseamos que el tiempo pase y que el bebé ya empiece a hablar para que pueda comunicarnos qué es lo que le duele y qué quiere.

Cuando ya el niño crece un poco, y surgen otras dificultades, nuevamente pensamos que cuando crezca un poquito más, ya será más fácil. Y así seguimos, esperando que llegue el momento en que no nos angustiemos con nuestro hijo. Pero la experiencia demuestra que el hijo será nuestro hijo hasta el fin de nuestros días, y seguiremos con las angustias e incapacidades porque no fuimos educados ni entrenados para ser madre y padre. Nos encontramos sin herramientas para esa gran tarea y nos toca improvisar, inventar y aprender a ser padres.

Nos olvidamos de cómo nos sentíamos nosotros cuando éramos niños y traemos dentro de nosotros sistemas de ideas y creencias con las cuales queremos imponernos como autoridad frente a los hijos.

Muchas veces, los padres nos olvidamos de observarles detenidamente y descubrir la magia de la comunicación a través de la escucha atenta, del cariño, de la mirada en los ojos hacia lo profundo de su ser, reconociendo lo diferente de la persona que tenemos ante nosotros, aunque sea nuestro hijo.

Los hijos necesitan percibir que durante la niñez los padres están pendientes de sus necesidades, siendo capaces de cuidarlos y guiarlos mientras no saben para donde ir. Teniendo muy en cuenta que “el autoritarismo aplasta pero el permisivismo ahoga”. Los hijos necesitan una actitud firme y respetuosa que les permita confiar en la capacidad de sus padres para dirigir sus vidas mientras son menores. Los padres van por delante orientándolos, pero no cargando con los hijos a las espaldas y esclavos de sus deseos.

A veces, tomamos la opción de ser demasiado permisivos, olvidándonos de poner limites y de dar referencias claras, pensamos que lo mejor es ser “amigo” del hijo, imaginando que así estaremos más cerca de él. En realidad el hijo necesita una madre y un padre como referencias claras que le den apoyo y le confronten con la realidad. Amigos ya encontrará en la vida por sí mismo.

En la nueva generación de padres, con el deseo de no repetir los errores y abusos de sus progenitores, algunos son muy comprensivos con sus hijos y les dedican toda su atención, pero a la vez se muestran débiles e inseguros para ocupar la posición jerárquica que les corresponde, incapaces de respetarse a sí mismos y de hacer valer sus necesidades frente a los deseos de los hijos.

Otros padres, implicados tan a fondo en sus profesiones y en su trabajo no tienen tiempo para los hijos, son padres ausentes que luego intentan compensar esa falta de atención con regalos, dinero y un exceso de permisividad. Los hijos crecen con mucha soledad y libertad, pero con falta de referencias y de contacto afectivo y humano.

Las dificultades en las relaciones con los hijos, a veces, tienen que ver con sentimientos ocultos, no expresados ni reconocidos, con fallos en la comunicación con la pareja, y con los dobles mensajes que la madre y el padre dan a sus hijos. El padre y la madre han de darse cuenta de lo importante que es la unanimidad de criterios en la pareja frente a los hijos para que puedan crecer equilibrados y confiados.

Por eso, madres y padres necesitan tener espacios de reflexión para explorar las dificultades y encontrar alternativas para ejercer una maternidad y paternidad desde el corazón, apoyados por una razón flexible y amplia, buscando transformar el hogar en un lugar donde el hijo pueda sentirse amado, comprendido y con posibilidades de desarrollar todo su potencial.

Los padres, necesitan ver sus limitaciones, desconectarse de la culpa y conectarse consigo mismos y con su capacidad amorosa y respetuosa frente a los hijos.

La experiencia nos ha demostrado como los padres están buscando formas de comunicarse con sus hijos, pero se pierden en sus propios sistemas de ideas preconcebidas desde su familia de origen. Crecen ellos con mucha ilusión y esperanza de formar su familia con bases diferentes (en general opuestas) de lo que vivieron en su infancia y adolescencia. Se dan cuenta muy pronto de sus limitaciones e incapacidades, aunque intenten mantenerse en el rol de padres. Se pierden muy a menudo justamente cuando repiten (conciente o inconcientemente) aquello mismo que les ha quitado la espontaneidad y expresividad genuina en su propio desarrollo.

Esa cadena se perpetua de alguna manera de generación en generación.

Estamos en un momento crítico a nivel mundial donde el poder de pocos genera violencia, tensión, desconexión, impotencia, aislamiento en la mayor parte de la humanidad.

Para que nuestros hijos tengan la posibilidad de romper ese ‘status quo’ es muy importante que nosotros como padres podamos cuestionar nuestros valores e ideas condicionadas, permitiéndonos abrir el corazón con humildad y sinceridad, dando así el ejemplo que los niños y jóvenes de hoy necesitan para crecer conectados con la fuerza y verdad que les permita transformar la actual realidad destructiva.

Además de la relación entre los padres e hijos ocurre un factor cada vez más frecuente que es el de los padres separados, que a su vez reconstituyen otras familias.

Esto influye mucho en el desarrollo de los hijos, pues la separación de los padres ya es en sí mismo algo que provoca muchas dificultades para todos involucrados. Por un lado están los padres con sus conflictos, generando mensajes contradictorios a los hijos, por otro lado la culpa y el deseo de compensar a los hijos generando confusión en muchos niveles. Cuando entran nuevas parejas y nuevos hijos (sea de la nueva pareja o medio-hermanos) los niños (y/o adolescentes) de la familia original necesitan adaptarse a la situación, y pocas veces tienen espacio, tiempo o capacidad de comprender la enorme gama de emociones que aparecen. Se ven obligados a vivir la nueva situación generando una avalancha de problemas y dificultades, que a menudo no son llevadas en cuenta más que de forma superficial o solamente sintomática.

El tema de la relación padres e hijos es complejo y al mismo tiempo fundamental para que la nueva generación encuentre posibilidades reales de transformación y evolución.

Suzana Stroke

(transcripción de la introducción de un taller para padres en Interser Gestalt, Madrid, 2006 )

http://www.suzanastroke.com.br/

La función del ser humano


Nacer, vivir y morir, es lo más común. Entre lo primero y lo último existen variantes: desde vivir la vida en total ignorancia y ausencia de cuestionamientos, hasta vivirla en una constante búsqueda de comprensión profunda de la función de cada ser humano en este planeta.
De todo lo que ya fue transmitido desde las épocas primitivas, cuando el planeta era apenas habitado, hasta los días de hoy, varios misterios se fueron revelando, algunos científicamente comprobados, otros aceptados (por algunos) como explicaciones provenientes de experiencias, revelaciones, visiones.
Hasta la actualidad no se ha llegado a un denominador común que satisfaga a todos, y al que probablemente no se llegue nunca. Tal vez el mantenimiento de determinados asuntos, como vivencias que el ser humano no tiene la capacidad para alcanzar, sea justamente, lo que permite la constante evolución del espíritu.
Yo no soy una persona erudita, ni tampoco una investigadora, o alguien que siente una necesidad apremiante de revelar misterios, o desvelar secretos. En verdad, la frase tan conocida en la tradición Sufí –“el secreto se protege a sí mismo”—siempre me pareció una tesis incuestionable, y que solamente se comprueba cuando no hay más necesidad de comprobarla. O sea, en el momento en que el secreto se desvela, es ciertamente porque la persona ya está preparada para recibirlo y mantenerlo como parte de su experiencia de vida.
Por lo tanto, soy una persona común y corriente, pertenezco a la gran mayoría que habita el planeta transitoriamente, sin ninguna pretensión de saber más de lo que permita mi cuota de capacidad.
Justamente por pertenecer a la gran mayoría desconocida, quiero abrir este tema tan amplio de una forma simple y que pueda crear eslabones de comunicación en la búsqueda común, en los interrogantes que tenemos, en las experiencias vividas y en los anhelos que nos pueden unir.
Tenemos solamente dos certezas en la vida: que caminamos inexorablemente hacia la muerte y que no sabemos cuándo ni cómo la encontraremos. A partir del nacimiento la cuenta regresiva comienza.
Supongo que justamente por esa certeza de no saber, por el hecho de tener que convivir con esa angustiante certeza, la mayoría decide enterrarla, manteniéndola lo más distante posible de la conciencia.
Convivo constantemente con otra enseñanza Sufí: “estar en el mundo, sin ser del mundo.”
Esas pocas palabras engloban todo.
Saber estar completamente presente y entregado, y al mismo tiempo dispuesto para partir sin llevar nada consigo.
Desde muy temprano creamos vínculos afectivos, y en algunas situaciones éstos comienzan a tornarse apegos que producen carencia en vez de abundancia. Estas carencias muchas veces buscan compensaciones de tipo material, como por ejemplo, imaginar que tener cosas va a llenar vacíos afectivos y existenciales. El resultado termina siendo la sustitución del ser por el tener.
Cualquier tipo de sustituto del ser es un saco sin fondo que produce algunos momentos de satisfacción que muy rápidamente nos lleva a continuar intentando llenar el vacío, sólo que, en lugares equivocados (con cosas, personas, ilusiones, fantasías).
Una vez vi un poster que me tocó mucho y lo tengo en mi casa en un lugar constantemente visible. Dice así: “Algún día, indefectiblemente, has de encontrarte contigo mismo, y solo de ti depende que sea la más amarga de tus horas o tu momento mejor.
Di mil vueltas a esa frase a lo largo de los años, y llegué a la conclusión de que la vida es un palco en donde cada ser humano es el protagonista de la obra que se desenvuelve desde el nacimiento hasta la muerte. Hacer de ese espectáculo una realización es poder llegar a vivir cada escena aprovechando, de la mejor forma, los encuentros con otros protagonistas de otras obras, atravesando la ignorancia, la mediocridad, la prepotencia, errando, cayendo, aprendiendo con los errores, levantándose una y otra vez. Siendo capaz de mirar en el espejo que siempre está delante — sea reflejando el propio rostro o los encuentros y desencuentros — y finalmente, con mucha perseverancia, obtener la dádiva de encontrarse con la propia alma.
Decía Gurdjieff — un gran maestro espiritual del siglo pasado — “no nacemos con alma, tenemos que conquistarla.”
Los encuentros entre personas son siempre oportunidades para avanzar, o también situaciones en las que retrocedemos, o aún en las que permanecemos estancados.
Los encuentros se dan cuando la posibilidad de expresión, sea cual fuere, ocurre. Expresión ésta que lleva consigo la intención de mostrar lo que cada uno siente, piensa y quiere (o no quiere), alineada con la acción correspondiente.
Eso significa tan sólo retirar máscaras que comúnmente están presentes como defensas. También es cierto que el encuentro sucede cuando la disponibilidad es mutua. Aunque también es cierto que el esfuerzo individual no sólo es válido sino que también permite aprendizajes a través de la aceptación de que determinadas situaciones no pueden ser cambiadas a partir del querer individual.
Por lo tanto, retornando al tema central – la función del ser humano.
De forma bastante sintética, podemos decir que lo más central es poder ser verdadero consigo mismo y, en la medida de lo posible, con los demás, pues – como todos sabemos desde Sócrates — “la verdad nos libertará.”
“En la medida de lo posible” significa saber escoger (o ser escogido por) personas con las cuales queremos mantener relaciones intimas saludables y cultivadas a lo largo del tiempo.
En estas relaciones pueden ocurrir, y frecuentemente ocurren, encuentros verdaderos que comprueban la presencia innegable de “algo más” que, a su vez, permite al ser humano reconocer su aspecto divino, confirmando uno de los mensajes en la Biblia: “cuando dos o más personas se encuentran EN MI NOMBRE, YO estaré entre ellas.”
Es también posible este mismo reconocimiento de ese “algo más” en otras circunstancias, tales como resultados de profunda introspección que desemboca en revelación. No obstante, la comprobación de que la experiencia solitaria esté integrada y en ascensión, ocurre cuando la persona vivencia relaciones interpersonales que ponen a prueba las experiencias reveladoras.
Finalizando estas reflexiones, puedo decir que la función del ser humano se realiza a partir de la conciencia adquirida y desarrollada de que no es una máquina que repite ininterrumpidamente las instrucciones que le fueran impuestas e impregnadas por las referencias e influencias de su entorno. Nuevamente citando a Gurdjieff: “una máquina que sabe que es máquina, ya no es una máquina.”

Suzy Stroke. (Diciembre de 2009)

http://www.suzanastroke.com.br/