APRENDER A SER PADRES


Cuando decidimos tener hijos, nos sentimos muy ilusionados, imaginando la maravilla y el milagro que es traer al mundo un nuevo ser. Esto ocurre desde que el mundo es mundo.

También es cierto que luego, nos sentimos abrumados por la responsabilidad, por la torpeza, por sentirnos incapaces de comprender qué pasa con este ser tan pequeñito cuando lo único que sabe hacer es llorar, si algo le incomoda. Deseamos que el tiempo pase y que el bebé ya empiece a hablar para que pueda comunicarnos qué es lo que le duele y qué quiere.

Cuando ya el niño crece un poco, y surgen otras dificultades, nuevamente pensamos que cuando crezca un poquito más, ya será más fácil. Y así seguimos, esperando que llegue el momento en que no nos angustiemos con nuestro hijo. Pero la experiencia demuestra que el hijo será nuestro hijo hasta el fin de nuestros días, y seguiremos con las angustias e incapacidades porque no fuimos educados ni entrenados para ser madre y padre. Nos encontramos sin herramientas para esa gran tarea y nos toca improvisar, inventar y aprender a ser padres.

Nos olvidamos de cómo nos sentíamos nosotros cuando éramos niños y traemos dentro de nosotros sistemas de ideas y creencias con las cuales queremos imponernos como autoridad frente a los hijos.

Muchas veces, los padres nos olvidamos de observarles detenidamente y descubrir la magia de la comunicación a través de la escucha atenta, del cariño, de la mirada en los ojos hacia lo profundo de su ser, reconociendo lo diferente de la persona que tenemos ante nosotros, aunque sea nuestro hijo.

Los hijos necesitan percibir que durante la niñez los padres están pendientes de sus necesidades, siendo capaces de cuidarlos y guiarlos mientras no saben para donde ir. Teniendo muy en cuenta que “el autoritarismo aplasta pero el permisivismo ahoga”. Los hijos necesitan una actitud firme y respetuosa que les permita confiar en la capacidad de sus padres para dirigir sus vidas mientras son menores. Los padres van por delante orientándolos, pero no cargando con los hijos a las espaldas y esclavos de sus deseos.

A veces, tomamos la opción de ser demasiado permisivos, olvidándonos de poner limites y de dar referencias claras, pensamos que lo mejor es ser “amigo” del hijo, imaginando que así estaremos más cerca de él. En realidad el hijo necesita una madre y un padre como referencias claras que le den apoyo y le confronten con la realidad. Amigos ya encontrará en la vida por sí mismo.

En la nueva generación de padres, con el deseo de no repetir los errores y abusos de sus progenitores, algunos son muy comprensivos con sus hijos y les dedican toda su atención, pero a la vez se muestran débiles e inseguros para ocupar la posición jerárquica que les corresponde, incapaces de respetarse a sí mismos y de hacer valer sus necesidades frente a los deseos de los hijos.

Otros padres, implicados tan a fondo en sus profesiones y en su trabajo no tienen tiempo para los hijos, son padres ausentes que luego intentan compensar esa falta de atención con regalos, dinero y un exceso de permisividad. Los hijos crecen con mucha soledad y libertad, pero con falta de referencias y de contacto afectivo y humano.

Las dificultades en las relaciones con los hijos, a veces, tienen que ver con sentimientos ocultos, no expresados ni reconocidos, con fallos en la comunicación con la pareja, y con los dobles mensajes que la madre y el padre dan a sus hijos. El padre y la madre han de darse cuenta de lo importante que es la unanimidad de criterios en la pareja frente a los hijos para que puedan crecer equilibrados y confiados.

Por eso, madres y padres necesitan tener espacios de reflexión para explorar las dificultades y encontrar alternativas para ejercer una maternidad y paternidad desde el corazón, apoyados por una razón flexible y amplia, buscando transformar el hogar en un lugar donde el hijo pueda sentirse amado, comprendido y con posibilidades de desarrollar todo su potencial.

Los padres, necesitan ver sus limitaciones, desconectarse de la culpa y conectarse consigo mismos y con su capacidad amorosa y respetuosa frente a los hijos.

La experiencia nos ha demostrado como los padres están buscando formas de comunicarse con sus hijos, pero se pierden en sus propios sistemas de ideas preconcebidas desde su familia de origen. Crecen ellos con mucha ilusión y esperanza de formar su familia con bases diferentes (en general opuestas) de lo que vivieron en su infancia y adolescencia. Se dan cuenta muy pronto de sus limitaciones e incapacidades, aunque intenten mantenerse en el rol de padres. Se pierden muy a menudo justamente cuando repiten (conciente o inconcientemente) aquello mismo que les ha quitado la espontaneidad y expresividad genuina en su propio desarrollo.

Esa cadena se perpetua de alguna manera de generación en generación.

Estamos en un momento crítico a nivel mundial donde el poder de pocos genera violencia, tensión, desconexión, impotencia, aislamiento en la mayor parte de la humanidad.

Para que nuestros hijos tengan la posibilidad de romper ese ‘status quo’ es muy importante que nosotros como padres podamos cuestionar nuestros valores e ideas condicionadas, permitiéndonos abrir el corazón con humildad y sinceridad, dando así el ejemplo que los niños y jóvenes de hoy necesitan para crecer conectados con la fuerza y verdad que les permita transformar la actual realidad destructiva.

Además de la relación entre los padres e hijos ocurre un factor cada vez más frecuente que es el de los padres separados, que a su vez reconstituyen otras familias.

Esto influye mucho en el desarrollo de los hijos, pues la separación de los padres ya es en sí mismo algo que provoca muchas dificultades para todos involucrados. Por un lado están los padres con sus conflictos, generando mensajes contradictorios a los hijos, por otro lado la culpa y el deseo de compensar a los hijos generando confusión en muchos niveles. Cuando entran nuevas parejas y nuevos hijos (sea de la nueva pareja o medio-hermanos) los niños (y/o adolescentes) de la familia original necesitan adaptarse a la situación, y pocas veces tienen espacio, tiempo o capacidad de comprender la enorme gama de emociones que aparecen. Se ven obligados a vivir la nueva situación generando una avalancha de problemas y dificultades, que a menudo no son llevadas en cuenta más que de forma superficial o solamente sintomática.

El tema de la relación padres e hijos es complejo y al mismo tiempo fundamental para que la nueva generación encuentre posibilidades reales de transformación y evolución.

Suzana Stroke

(transcripción de la introducción de un taller para padres en Interser Gestalt, Madrid, 2006 )

http://www.suzanastroke.com.br/

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